martes, 31 de enero de 2012

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Me estoy (mal)acostumbrando a mis sesiones de cine español gratis de los lunes. Me siento tan cuidada haciendo algo tan mío lejos de casa que es casi como encontrarme con un conocido, que nos veamos y que me señale con el dedo y abrace, como cuando te guiñan un ojo y sabes que es sólo para ti. Cada lunes tengo una visita, y anoche fue Achero Mañas con "Todo lo que tú quieras" bajo el brazo. No es perfecta,  aunque viendo cómo estaba rodada la secuencia del cabaret lo pensé, pero es recomendable porque te mueve cosas. No todas buenas. La peor de todas es que no logré entender a ese padre que juega con su hija para engañarse él. Me dio rabia pero también ternura porque sabía que sólo estaba intentando hacer lo mejor para los dos, que estaba perdido. Eché tanto de menos a alguien que le obligara a afrontar la realidad que tuve que decírselo. Acabamos hablando de su vida de padre divorciado a los 28, y me alegré de no haber sabido antes que ese padre de celuloide que se pinta los labios de rojo era él.



Crucé la ciudad en bici y cuando llego a casa R. me habla de los César, M. de la Cinemathèque, N. de los Goya y G. del Festival de Nantes de cine español. F. me envía un sms que me ayuda a revisar la letra de motivación que quiero enviar al Festival de Cannes, a sabiendas de que ni en el más perfecto de mis sueños tendré un hueco allí, y aún no le he pedido a L. que me deje su medio para acreditarme en Málaga, aunque ella me lo ofreciera cuando le conté los líos de los últimos años (ya os dije que no me callé en 6.). De repente, me doy cuenta de lo enganchada que estoy a todo lo que rodea al cine y no necesariamente las películas. Los focos los hicieron para eso ¿no? y entonces tengo miedo a estar dirigiendo deslumbrada mi vida. Porque aun andando sin rumbo, si algo me marca una dirección es todo eso que pasa fuera de claqueta (o de escenario).Y no hablo de alfombras y playas y barras libres (que también), sino de la distribución y comunicación, la financiación, el derecho de propiedad intelectual, las programaciones culturales, las contrataciones, permisos y demás marrones administrativos...Cuando descubrí que, pese a lo que hubiera escuchado en mi familia, hay quien vive de eso, tuve tanta envidia que no pude esperar a acabar la carrera e intenté recuperar el tiempo perdido levantándome a las 6 y empapándome de todo lo que pillaba con la promesa de ser la mejor en lo que me pone. Y anoche me veo en la ciudad con más cine del mundo, a medias de muchas cosas que he empezado sólo para llegar a eso, con tanta suerte que no la merezco...y me da miedo estar perdiendo mis 21 en una utopía.



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