sábado, 28 de enero de 2012

1

“Crear un blog”, y ahi que voy. Como si supiera escribir. Ni que eso importara. Como si nunca hubiera tenido uno. Crear un blog y olvidar todos los cementerios de pensamientos que tengo en línea -¿deberia decir “online”?- es acabar con mi puto Síndrome de Diógenes de recuerdos y de personas que me han hecho llorar de risa y también de no tenerlas, pero eso fue después, cuando llegaron a conocerme más rápido que yo misma. Fueron capaces de encontrar un talón de Aquiles que yo no acierto a corregir y entonces fue cuando intenté pasar de los propósitos de papel a la acción, París, pero antes perdí -aún no sé si a propósito- todas las fotos, las agendas, las buenas costumbres y las taquicardias en Madrid. A cambio, multipliqué mi parte caótica de tal manera que tuve que automedicarme con té para quitarme la adicción al café y a la procrastinación. Necesito esa presión. Puede que sea otro síndrome, pero volver a la taquicardia me hace sentir que tengo vida de alguna manera. Por eso me gusta el cine, el teatro, meterme en la vida de otros y que ellos se queden conmigo. Puedo prometer que hay días que no he tenido luz, ni comida, ni ropa limpia, pero también, que vivir subiendo y bajando es una forma de hacer elegida. Como esa canción que tanto te gusta "Jodida pero contenta". Intento convencerme para parar antes de la autodestrucción social, pero nunca lo consigo y sólo entonces pido ayuda. Es esa especie de egodependencia la que me pide que cambie o disimule, que sea un poco más del montón, que si me drogo sólo sea con ilusiones propias, y que deje ahora que aún estoy a tiempo de confiar en que algo alguna vez estará para siempre conmigo. Porque quizá ni este blog dure más de tres líneas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario