Cualquier poblacho es bueno contigo y cualquier ciudad llena de luces se queda en nada si no estáis. Forzar no se me da bien y no tengo la iniciativa de coger trenes ni mandar cartas, aparecer por sorpresa como solía hacer. Pero hoy es un día importante. Puede que para muchos no y eso lo hace aún más especial pero para mi sí, cada año. Y además es el primero que pasaré sin G. y compañía, aunque a G. no le importe y a su compañía aún menos porque están "madurando" y también ellos cambian. Para justificarse lo llaman "etapa de su vida", fanatismo o "juego". Yo elijo seguir ilusionándome, no quiero perder también eso.
Esta noche es como si fuera la primera vez y, de alguna forma, lo es, porque es la primera noche que lo celebro sola, aún sin estarlo. Ya me he encargado yo de forzar una fiesta.
He tenido cumpleaños en los que al dar las 00h he sido la primera en felicitarme o lo ha hecho alguien que no era quien yo quería que lo hiciera (forzando). He tenido Nocheviejas en las que hemos bebido para olvidar que no podíamos hacer el reset con amor (forzando también). Pero nunca he tenido una noche de Goyas sin que hayamos cogido un avión o un bus infinito sólo para abrazarnos y prometernos que quizá el próximo, o el siguiente, estaremos ahí y dedicaremos unos segundos del mejor momento de nuestra vida a agradecer haber hecho el camino juntas. Y, en el fondo, cada año nos damos cuenta de que, en realidad, el mejor momento es el que estamos viviendo al otro lado de las vallas, en el sofá bebiendo tequila o pudiendo chillar nuestras victorias y hacer porras y pronósticos de viva voz, con los tacones puestos, pero de marca Ulanka. Reservamos Carolina Herrera, Prada, Azzaro o Paco Rabanne para mañana, hoy preferimos acabar la noche en pijama, durmiendo en el suelo amontonados, mientras nieva. Sin cabezón pero cabezotas.
Esta noche es diferente, es el punto de inflexión en el que empiezo a coger las riendas. La gala es el último episodio de una vida utópica en la que soñaba con llegar a una butaca. Cuando la fiesta acabe, la realidad pasa por empezar a trabajar mañana en una productora-distribuidora en París. Tengo vértigo con el idioma, miedo de no haber tomado la decisión correcta, rabia de tener que abandonar asignaturas que me interesan, estrés por pensar qué hacer con las visitas de las próximas semanas...y, aún así, ganas de ser valiente. En algún momento tendré que empezar a serlo si no quiero seguir soñando el resto de mi vida.
a por ellos valiente ;)
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