lunes, 20 de febrero de 2012
domingo, 19 de febrero de 2012
17
Cualquier poblacho es bueno contigo y cualquier ciudad llena de luces se queda en nada si no estáis. Forzar no se me da bien y no tengo la iniciativa de coger trenes ni mandar cartas, aparecer por sorpresa como solía hacer. Pero hoy es un día importante. Puede que para muchos no y eso lo hace aún más especial pero para mi sí, cada año. Y además es el primero que pasaré sin G. y compañía, aunque a G. no le importe y a su compañía aún menos porque están "madurando" y también ellos cambian. Para justificarse lo llaman "etapa de su vida", fanatismo o "juego". Yo elijo seguir ilusionándome, no quiero perder también eso.
Esta noche es como si fuera la primera vez y, de alguna forma, lo es, porque es la primera noche que lo celebro sola, aún sin estarlo. Ya me he encargado yo de forzar una fiesta.
He tenido cumpleaños en los que al dar las 00h he sido la primera en felicitarme o lo ha hecho alguien que no era quien yo quería que lo hiciera (forzando). He tenido Nocheviejas en las que hemos bebido para olvidar que no podíamos hacer el reset con amor (forzando también). Pero nunca he tenido una noche de Goyas sin que hayamos cogido un avión o un bus infinito sólo para abrazarnos y prometernos que quizá el próximo, o el siguiente, estaremos ahí y dedicaremos unos segundos del mejor momento de nuestra vida a agradecer haber hecho el camino juntas. Y, en el fondo, cada año nos damos cuenta de que, en realidad, el mejor momento es el que estamos viviendo al otro lado de las vallas, en el sofá bebiendo tequila o pudiendo chillar nuestras victorias y hacer porras y pronósticos de viva voz, con los tacones puestos, pero de marca Ulanka. Reservamos Carolina Herrera, Prada, Azzaro o Paco Rabanne para mañana, hoy preferimos acabar la noche en pijama, durmiendo en el suelo amontonados, mientras nieva. Sin cabezón pero cabezotas.
Esta noche es diferente, es el punto de inflexión en el que empiezo a coger las riendas. La gala es el último episodio de una vida utópica en la que soñaba con llegar a una butaca. Cuando la fiesta acabe, la realidad pasa por empezar a trabajar mañana en una productora-distribuidora en París. Tengo vértigo con el idioma, miedo de no haber tomado la decisión correcta, rabia de tener que abandonar asignaturas que me interesan, estrés por pensar qué hacer con las visitas de las próximas semanas...y, aún así, ganas de ser valiente. En algún momento tendré que empezar a serlo si no quiero seguir soñando el resto de mi vida.
Esta noche es como si fuera la primera vez y, de alguna forma, lo es, porque es la primera noche que lo celebro sola, aún sin estarlo. Ya me he encargado yo de forzar una fiesta.
He tenido cumpleaños en los que al dar las 00h he sido la primera en felicitarme o lo ha hecho alguien que no era quien yo quería que lo hiciera (forzando). He tenido Nocheviejas en las que hemos bebido para olvidar que no podíamos hacer el reset con amor (forzando también). Pero nunca he tenido una noche de Goyas sin que hayamos cogido un avión o un bus infinito sólo para abrazarnos y prometernos que quizá el próximo, o el siguiente, estaremos ahí y dedicaremos unos segundos del mejor momento de nuestra vida a agradecer haber hecho el camino juntas. Y, en el fondo, cada año nos damos cuenta de que, en realidad, el mejor momento es el que estamos viviendo al otro lado de las vallas, en el sofá bebiendo tequila o pudiendo chillar nuestras victorias y hacer porras y pronósticos de viva voz, con los tacones puestos, pero de marca Ulanka. Reservamos Carolina Herrera, Prada, Azzaro o Paco Rabanne para mañana, hoy preferimos acabar la noche en pijama, durmiendo en el suelo amontonados, mientras nieva. Sin cabezón pero cabezotas.
Esta noche es diferente, es el punto de inflexión en el que empiezo a coger las riendas. La gala es el último episodio de una vida utópica en la que soñaba con llegar a una butaca. Cuando la fiesta acabe, la realidad pasa por empezar a trabajar mañana en una productora-distribuidora en París. Tengo vértigo con el idioma, miedo de no haber tomado la decisión correcta, rabia de tener que abandonar asignaturas que me interesan, estrés por pensar qué hacer con las visitas de las próximas semanas...y, aún así, ganas de ser valiente. En algún momento tendré que empezar a serlo si no quiero seguir soñando el resto de mi vida.
martes, 14 de febrero de 2012
16
Pruebo asignaturas aun a sabiendas de que no tengo que hacer más que tres porque ya hice todo (y las que dejé). Pero es que me gusta tanto la economía del cine, tengo tantas ganas de saber HTML y de mejorar el francés y es tan bonita la fotografía...que ya no sé si ponerme a subir nota. No. Una tontería teniendo en cuenta el sistema de convalidaciones de Paris 8. A quién le importa la media si, total, ya no tengo años para hacer la pasarela al segundo ciclo de Comunicación audiovisual.
Mientras, esta tarde he empezado a escribir a ofertas de trabajo. Dos respuestas en una hora. Nada mal si no fuera porque no sé si es lo que quiero. A lo mejor voy a las entrevistas y les parece que no hablo suficientemente bien francés o a lo mejor soy yo la que decide que no y se agarra a la universidad, que es donde me siento segura.
Pero la tercera opción, la que de verdad me apetece, son los festivales. Sitges y San Sebastián ya están asegurados para calentarme el otoño, pero ni una respuesta de Málaga, Cannes y Nantes. A lo mejor debería insistir, a lo mejor ya es tarde, a lo mejor aún es pronto. Deseadme suerte.
Entre tanto, retraso casi todas las cosas que me parecían importantes. Comprar los billetes para ver a I., acercarme un fin de semana a ver a R., Amsterdam, el Couch...sigo sin darme de alta en la electricidad, sigo in mirar los MAC, sigo saltándome la dieta que nunca he conseguido empezar, sigo sin celebrar los san valentines y, sobre todo, sigo creyendo que lo mejor está por venir. Porque quien siembra...
Mientras, esta tarde he empezado a escribir a ofertas de trabajo. Dos respuestas en una hora. Nada mal si no fuera porque no sé si es lo que quiero. A lo mejor voy a las entrevistas y les parece que no hablo suficientemente bien francés o a lo mejor soy yo la que decide que no y se agarra a la universidad, que es donde me siento segura.
Pero la tercera opción, la que de verdad me apetece, son los festivales. Sitges y San Sebastián ya están asegurados para calentarme el otoño, pero ni una respuesta de Málaga, Cannes y Nantes. A lo mejor debería insistir, a lo mejor ya es tarde, a lo mejor aún es pronto. Deseadme suerte.
Entre tanto, retraso casi todas las cosas que me parecían importantes. Comprar los billetes para ver a I., acercarme un fin de semana a ver a R., Amsterdam, el Couch...sigo sin darme de alta en la electricidad, sigo in mirar los MAC, sigo saltándome la dieta que nunca he conseguido empezar, sigo sin celebrar los san valentines y, sobre todo, sigo creyendo que lo mejor está por venir. Porque quien siembra...
domingo, 12 de febrero de 2012
15
Autoayuda? No. William Shakespeare para comenzar bien mi segunda parte:
"Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre
dar la mano y socorrer a un alma y aprenderás que amar no significa apoyarse, y
que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni
regalos, ni promesas.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la
mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y
aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el término mañana es
incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te
expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte
alguna vez y necesitaras perdonarlas. Aprenderás
que hablar puede aliviar los dolores del alma...
Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos
segundos para destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te
arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a
pesar de las distancias y que no importa que es lo que tienes en la vida sino a
quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos
permitimos elegir. Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos
dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu
mejor amigo, haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el hecho de
disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las
personas que más te importan y por eso siempre debemos decirles a esas personas
que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que
las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el entorno también que
nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos
responsables de lo que hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los
demás, salvo cuando queremos imitarlas para mejorar. Descubrirás que lleva
mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste sino adonde te
diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve.
Aprenderás que sino controlas tus actos ellos te controlan y
que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no
importa cuán delicada o frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que
era necesario, enfrenando las consecuencias...
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrías que algunas veces la persona que esperas que te patee cuando te
caes, tal vez, sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido, que con
los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti que lo que
supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños
son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes, y sería una tragedia que
se lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientas rabia, tienes derecho a
tenerla, pero eso no te da derecho a ser cruel.
Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma
que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede. Porque hay
personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo.
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces
tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con la que juzgas,
también serás juzgado y en algún momento ordenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se
partió, el mundo no se detiene para que los arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver atrás,
por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de
esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y solo entonces, sabrás realmente lo que puedes
soportar, que eres fuerte y que podrás ir, mucho más lejos, que cuando creías
que no se podía más. Y es que realmente
la vida vale más cuando tienes valor de enfrentarla."
jueves, 9 de febrero de 2012
14
Lavandería de la rue Chabrol. Aparentemente, sucia e insignificante, pero es que a mi me gusta darle significado a las cotidianeidades, sobre todo cuando aún no son rutina.
No hay nada más emocionante que la primera vez que haces algo. Soy feliz cuando pienso la cantidad de cosas que tengo por descubrir y miedo cuando pienso que moriré antes de haberlo probado todo.
Es así desde que mi memoria alcanza. Recuerdo que cuando a los ocho el objetivo era pasar los niveles de Pokemon para GameBoy, decidí dejar de competir por ver quién acababa antes y encontré la forma de disfrutarlo recorriendo todo el escenario -o como se llame el mundo diseñado para videojuegos, siento la ignorancia- con Ash, hasta que los dos conocimos cada seto y lo que podía pasar si girabas a izquierda o a derecha, y agotamos las posibilidades. Un poco más tarde, cuando internet pasaba de ser un navegador con páginas que se cargaban por líneas, escuché que aunque dedicáramos toda la vida a ello, sin dormir ni comer, no alcanzaríamos a ver todas las páginas creadas. Aún no existían los contenidos generados por usuarios y ya me daba angustia el concepto de la parcialidad. Poco a poco, he ido tenido la sensación de multiplicación de aquí y de allí, levantar una piedra y que haya mil escondidas debajo. Llegar a un lugar y no querer marcharte hasta no recorrer cada pueblecito alrededor de la ciudad de la que hablan las guías. Conocer de memoria los planes de estudios de varias carreras y universidades y los CDUs de las bibliotecas y perderme en el 316.1, el 792 y el 658. Ver una película y desear no sólo la cartelera, sino todas las que han pasado por la historia del cine. Mis pobres hijos sufrirán los recelos de una madre que sólo vio Disney en su infancia, teniendo que digerir con respeto los clásicos casi desde su nacimiento. Intento buscar hilos conductores, priorizar aunque suponga especializarse, abandonar cosas sin pretender la perfección, actualizar las que se han quedado obsoletas por estar aparcadas demasiado tiempo. Es una locura que me llevaría al insomio voluntario para tener más horas al día, una locura que sólo puede acabar con una embolia, como le pasó a un profesor de N., o algo así le entendí cuando me lo contó.
Ahora que le he contado a R. mi rabia no-racional, he pasado de un concierto gratuito de Nacho Vegas, he olvidado el cumple de A. y aún no he sacado la ropa de la maleta blanca que véis en la foto, voy a ponerme a responder mails. Wish me luck.
PD. Tengo un trastorno alimentario al que aún no sé poner nombre ni solución.
domingo, 5 de febrero de 2012
12
Este es el plan. Vuelo barato a Turín y bordear la costa hasta Cannes parándonos o desviándonos cuando nos apetezca. Y por cosas así echo de menos a I., a N., a A. y a G. que me seguían en mis desvaríos low cost.
sábado, 4 de febrero de 2012
10
Si en París tienes una casa del tamaño de las casas-exposición de IKEA puede que no vayas a comprar a IKEA, o que seas F.
F. y yo tenemos una extraña obsesión con sus catálogos, sus marcos gruesos, sus velas y su sección de cosas-que-sabes-que-no-necesitas-pero-las-necesitas-desde-ese-momento, una definición de manual de márketing.
Pienso en la vida de los ocupantes imaginarios de esas casas. Lars Erik y Birgitta han invitado hoy a amigos a cenar pero no encuentran los zapatos de ella porque Lena los ha escondido en las cajas bajo la cama. Billy no irá porque está muy cansado después de la semana de trabajo-dice-pero en realidad sabe que no es más que una excusa para quedarse leyendo en su diván con jazz de fondo. Daniel besa en la cocina a Jan con una estantería llena de botes de cristal con especias de colores, hay un reloj enorme en la pared, pero no han visto que llegan tarde a la cena. Sven Ake los espía desde el piso de enfrente, celoso y escondido entre las tres cortinas de su ventana enorme para que entre la luz a las flores, lleva días pensando suicidarse pero al final lo evita, porque odia los tópicos.
Pienso en la vida de los ocupantes imaginarios de esas casas. Lars Erik y Birgitta han invitado hoy a amigos a cenar pero no encuentran los zapatos de ella porque Lena los ha escondido en las cajas bajo la cama. Billy no irá porque está muy cansado después de la semana de trabajo-dice-pero en realidad sabe que no es más que una excusa para quedarse leyendo en su diván con jazz de fondo. Daniel besa en la cocina a Jan con una estantería llena de botes de cristal con especias de colores, hay un reloj enorme en la pared, pero no han visto que llegan tarde a la cena. Sven Ake los espía desde el piso de enfrente, celoso y escondido entre las tres cortinas de su ventana enorme para que entre la luz a las flores, lleva días pensando suicidarse pero al final lo evita, porque odia los tópicos.
Con los -9ºC de París, acepté la propuesta de L. de viajar a pseudo-Suecia unas horas. Me vestí de mi otro hito sueco, H&M, y quedamos en la Gare du Nord -no podía ser otro sitio- a las 11h. Llevé mis bolsas azules reciclables por lo que pudiera pasar...y así fue. Albóndigas con mermelada incluidas.
Volví en tren y perdí mis manoplas por culpa de un viennoise en Paul. El castigo a mi gula, pero esta vez se han pasado: las tenía cariño porque las compré en mi último día febril en Madrid, exprimiendo el H&M de los cines Avenida. Después, Cite Universitaire y vuelta a Gare du Nord, donde M2. llegó en bici porque a ratos es más francés que italiano. Esperaron en mi portal mientras descargaba una parte de Suecia en mi madriguera y hablamos de muchas cosas con un té en el Canal Saint Martin. M. también quería encontrarnos, pero yo tenía que ir a la lavandería a la que al final no he ido porque C. y su amigo sevillano me han vuelto a invadir el portal con la excusa de un saco de dormir. Pasamos más de una hora sentados en las escaleras y me disculpé unas 49030 veces porque mi piso no estuviera visible. Ahora he subido, he vuelto a cenar y me he dado cuenta de que ya no hay distancias. Que puedo tener el espejismo de vivir en Suecia, de viajar finalmente a Cannes con M2 o a Ibiza que hoy está nevada, de compartir piso con I. en Londres o visitarla en Nueva York. Me voy a servir el último café de la noche mientras veo esto.
miércoles, 1 de febrero de 2012
8
He leído que pronto los pensamientos van a poder escucharse , y me he alegrado. Creo que, en mi caso, no habría mucha diferencia, aunque tendría que aprender a parar esos de los que habla Russian Red: "this never ending song is scratching, scratching my brain like a vinyl in desire, this never ending thought is coming and is gone, it’s traveling on a plane on my way." Por cierto, que menuda delicia de canción.
Sin cambiar de tema.
Una vez sobreviví a un terremoto y durante la taquicardia pensé que cuando quieres algo muy fuerte pero no depende de ti, aparece después, cuando ya no lo esperas ni hablas de ello, cuando has conseguido olvidarlo. Y siempre es más grande el esfuerzo de olvidar que el de querer algo, así que me pareció un premio justo. Aunque me habían avisado con tiempo, un cambio así del paisaje al que estaba acostumbrada (y de esa manera) me hizo adulta.
En una especie de sacrificio mágico del que nunca podré hablar por mucho que avance la ciencia, vi que era el momento. Regalaría 6 kilos de mi física para que fuera parte de tu materia prima. Era un acto de amor tan desinteresado que nunca nadie se enteró, ni aun cuando la segunda sacudida acabó con nuestros planes. Entonces sentí que yo tenía algo de culpa del desastre, pero abandoné la idea porque era una causalidad loca, que no me traería nada bueno. Escribí la carta más bonita que pude para recordarlo y sólo hablé del tema cuando venía a cuento, que durante unos días fue casi siempre. Ya que ibas a quedarte conmigo, te busqué una función, pero tampoco eso nos salió bien y te tengo ahí latente, pendiente de una explicación, me parecería sucio enterrarte así, sin más. Eres importante aún de alguna manera.
Hoy llegó la tercera sacudida en el escenario más frío posible. Aunque estaba pronosticada, una vez más me pilló desprevenida.Y de nuevo, todo el protocolo de evacuación: la sonrisa imborrable, las lágrimas que saltan por la velocidad de los pensamientos existenciales, el nudo en la garganta ante los puntos de giro de esta historia, las ganas de volver a tener motivos de quererse mucho, aunque sin alarmas porque no había quien las escuchara bajo las orejeras, los gorros, las bufandas y las cinco o seis capas de abrigo obligatorias. París puede llegar a ser cruel. En ese momento, me dio igual que nadie me oyera regalarte fantasmas porque sigo convencida de que puedo restármelos y hacértelos llegar para estar ahí, de alguna manera.
(Si alguien lee, siento que no entendáis nada)
Sin cambiar de tema.
Una vez sobreviví a un terremoto y durante la taquicardia pensé que cuando quieres algo muy fuerte pero no depende de ti, aparece después, cuando ya no lo esperas ni hablas de ello, cuando has conseguido olvidarlo. Y siempre es más grande el esfuerzo de olvidar que el de querer algo, así que me pareció un premio justo. Aunque me habían avisado con tiempo, un cambio así del paisaje al que estaba acostumbrada (y de esa manera) me hizo adulta.
En una especie de sacrificio mágico del que nunca podré hablar por mucho que avance la ciencia, vi que era el momento. Regalaría 6 kilos de mi física para que fuera parte de tu materia prima. Era un acto de amor tan desinteresado que nunca nadie se enteró, ni aun cuando la segunda sacudida acabó con nuestros planes. Entonces sentí que yo tenía algo de culpa del desastre, pero abandoné la idea porque era una causalidad loca, que no me traería nada bueno. Escribí la carta más bonita que pude para recordarlo y sólo hablé del tema cuando venía a cuento, que durante unos días fue casi siempre. Ya que ibas a quedarte conmigo, te busqué una función, pero tampoco eso nos salió bien y te tengo ahí latente, pendiente de una explicación, me parecería sucio enterrarte así, sin más. Eres importante aún de alguna manera.
Hoy llegó la tercera sacudida en el escenario más frío posible. Aunque estaba pronosticada, una vez más me pilló desprevenida.Y de nuevo, todo el protocolo de evacuación: la sonrisa imborrable, las lágrimas que saltan por la velocidad de los pensamientos existenciales, el nudo en la garganta ante los puntos de giro de esta historia, las ganas de volver a tener motivos de quererse mucho, aunque sin alarmas porque no había quien las escuchara bajo las orejeras, los gorros, las bufandas y las cinco o seis capas de abrigo obligatorias. París puede llegar a ser cruel. En ese momento, me dio igual que nadie me oyera regalarte fantasmas porque sigo convencida de que puedo restármelos y hacértelos llegar para estar ahí, de alguna manera.
(Si alguien lee, siento que no entendáis nada)
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