He preguntado en todos los puestos de información y llamarla por megafonía sólo ha servido para sentirme en una sitcom barata. Imagino el efecto que puede producir en una recién exiliada que la reclame una desconocida en un aeropuerto internacional y me alegro de que no lo haya llegado a oír. Pero después se lo he contado.
Taponando la sortie C he visto un grupo tan ruidoso que por unos momentos he pensado que había pasado algo que justificara el hecho de no encontrarla. Error. Temblaban porque Sofía Essaïdi estaba a punto de llegar. Aunque me odien por mi acento y por no saber quién es, me explican algo sobre sus orígenes marroquíes, sobre su participación en el Operación Triunfo francés, sobre su belleza y me temo lo peor. Pero yo sigo esperando a L. y cuando Essaïdi llega me sorprende su buen hacer y su aura. Eso también se lo he contado.
Ésta es Sofía Essaïdi. Sí. Ya os he dicho que mi vida está llena de casualidades. Empiezo a entender estas situaciones como si alguien las pusiera delante para que las vea desde fuera. Me termino un café y deduzco que si L. no ha escuchado la llamada, ya ha debido coger un taxi.
Cruzo el aeropuerto y cojo el bus express al centro. Atasco y sentimiento de culpa. Cuando llego a la residencia donde L. va a vivir, el conserje me dice que acaba de llegar en un taxi. Me pregunta mi apellido y si somos amigas para avisarla. Entonces, miento y digo que sí porque cualquier cosa que le explique va a ser más mentira que un "sí". Y desde el momento que baja al vestíbulo todos los tópicos del primer día en París se suceden: internets que no funcionan cuando quieres decir que has llegado, la pena de despedirte en el aeropuerto, maletas que se rompen justo en el último trayecto,y qué caro el taxi, y qué frío vamos a pasar aquí y qué miedo no entenderme con la gente, o perderme y no saber dónde estoy, vamos a tomarnos unos crêpes que necesito pasear en el Sena, pero no sé cómo hacerme un abono transportes, ¿tú crees que podré colarme esta noche? L. es tan como todos que parece que la conociera de antes y en el momento que subimos al RER de Cité Universitaire empieza mi monólogo. Demasiadas palabras demasiado pronto. Según voy confesando me doy cuenta de que me voy a arrepentir de haberlo hecho. Siempre me pasa cuando soy la única que habla. Pero el frío y los paseos y los crepes no me dejan parar.
Vuelvo a casa intentando resumir la imagen de mi misma y me parece lamentable. Escribo a I. para escapar a su sexo en NY y a sus historias adultas y con consistencia. Envidio su equilibrio.

despues de tantos a;os conociendote sigo con la misma opninion q desde el principio: q eres una gran escritora. lo que me encanta es ver esta evolucion en ti, este cambio de estilo. no se si es paris, los 21 o tu, pero este q estas usando, mola.
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serán rachas o que copio inconscientemente lo que leo, pero me gusta gustarte, gracias por esos años
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