Escribo desde un sofá en Nantes. Sucio, roto, con una funda caída, con agujeros de los cigarros y los porros, con una botella de litro y medio de Label Scotch Whisky y ocho vasos con cenizas delante. Tengo un perro dormido al lado porque a él no le dejaron dormir anoche con el ruido. A mi, al principio, tampoco, pero luego desconecté por instinto de supervivencia. Es verdad eso de que la naturaleza es sabia. Y si me guío por sus leyes, algo me dice que debo dejar Nantes lo más rápidamente posible.
Aquí todo va mal desde antes de que llegara, pero sobre todo, desde que llegué.
Lo que podía ser el paraíso se convierte a veces en un callejón sin salida donde me falta el aire y sólo me siento segura delante de la pantalla de cine. Ese es el único momento del día donde dejo de desear que llegue el fin de semana y J. y L. vengan.
De repente, no aguanto la soledad.
Pienso en volver a París, después, en darle otra oportunidad a Nantes porque mira que programón y qué invitados y porque no me gusta quedarme con sensación de derrota, con el recuerdo de una ciudad industrial al borde del Loira donde no había hueco para mí, pese a que se note en el ambiente eso de el estilo de vida no-parisino. Es verdad que los nantais son buena gente, para qué negarlo. Te pueden guardar las maletas, sonreir al hablar con desconocidos, pueden, incluso, acogerte y tener la paciencia necesaria a mi indecisión. Pero, después de todo, aquí el gris es plomizo. En París todo está hecho para las apariencias. Las casas son blancas para reflejar la poca luz que el cielo puede tener y la gente tiene prisa para pasar el tiempo sin darse cuenta.
Pasaré el camino de vuelta pensando qué es lo que (me) pasa para dejarlo todo por una idea, un capricho para algunos...por qué cuanta más ilusión tienes por algo más puertas cerradas encuentras, más rechazos, más cambios de rumbo infernales.
Se ha levantado un coloc nantais. Me voy a la ducha y a me bajo a exprimir las últimas horas en esta ciudad que no me quiere. Luego daré mi brazo a torcer y la dejaré de acosar a las 17h00.
Cambiará la racha.
4, rue de bellefond
jueves, 22 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
20
Hoy vengo sin saber muy bien de qué escribir.
Necesito resituarme después de dos semanas de carreras de relevos. Universidad, trabajo, visitas, hoteles, monumentos, restaurantes, cementerios, y vuelta. He perdido mi carnet de Velib e internet en el móvil. No he pagado el alquiler, ni devuelto los libros a la biblioteca, no he hecho papeles para el CAF ni he estrenado la aspiradora que E. me ha regalado. No me he comprado unas botas para sustituir las rotas. Tampoco he respondido mails ni he conseguido empezar la dieta. Tengo miles de latas a medias y no queda ningún bollo ni galleta. No he escrito aquí, ni a A., ni a nadie.
He comido como nunca. He llorado con cada despedida. He hecho sprint por las calles para ser la más rápida en mi trabajo. He postulado a tantos festivales de cortometrajes que he perdido la cuenta. He tocado un premio César. He estado al borde del síndrome de Stendhal con el puente de Alejandro III. He hecho tanto turismo que casi me alegro de que no venga nadie hasta el jueves. Y han sido tantas emociones encadenadas que cuando R. se ha subido esta mañana en el autobús del parking Pershing, me ha extrañado tener tres horas sólo para mí.
Vacío.
Presiento que hay un momento en el que se salta de la infancia a todo lo demás.
Anoche R. y yo cenamos en un libanés y tomamos copas en Montmartre hablando como hablan los adultos. R. se ha enamorado y esta vez no es del chico del supermercado. Me cuenta que se muda a París cuando él tenga que trasladarse aquí. Confirmo lo que ha dicho esta mañana a una conocida que se ha encontrado: "esta en lo mejor de su vida". Hablamos de búsquedas de trabajo, de la relación con nuestras familias, de traumas, de amigas en común. Somos diferentes a la última vez que nos vimos en noviembre, crecemos pero nos queremos de la misma manera infantil que se quieren los que se conocieron en el patio del recreo.
Nosotras también nos conocimos por casualidad y sin expectativas.
Habían pasado las seis de la madrugada y acababa de subir la ladera de un volcán de Salerno, en el Tirreno, para llegar a los colchones donde dormiríamos N., B., A. y yo.
El caso es que llevaba horas proyectando la idea del colchón como para darme fuerzas en ese tramo final de cuesta que llevaba al portal de N. Una cuesta igual o peor a las escaleras de Montmartre. Con menos encanto, en cualquier caso.
Esa noche habíamos escapado de la mafia en el Mamma Non Mamma. Habíamos viajado hacinadas en un autobús escondiéndonos cuando nos adelantaba la policía. Habíamos conocido tantos italianos y erasmus que ya me parecían todos iguales en su diversidad. Recuerdo lo que hablamos, lo que bailamos, lo que bebimos, pero no podría mencionar más que a dos o tres de ellos.
Qué importa.
Esa noche habíamos escapado de la mafia en el Mamma Non Mamma. Habíamos viajado hacinadas en un autobús escondiéndonos cuando nos adelantaba la policía. Habíamos conocido tantos italianos y erasmus que ya me parecían todos iguales en su diversidad. Recuerdo lo que hablamos, lo que bailamos, lo que bebimos, pero no podría mencionar más que a dos o tres de ellos.
Qué importa.
Una vez cruzada la autopista, casi podías ver su balcón al Mediterráneo.
Moriría por rebobinar y haber aprovechado mejor ese balcón al que nunca más volví.
Nos reíamos de eso y esto y aquello, cuando -en una escena que casi podía haber escrito su adorado Azcona y que nos encanta contar a las visitas- apareció R., que había estado al otro lado de la pared todo ese tiempo, sin ser descubierta, en otro colchón muy diferente.
La amiga de la amiga de la amiga aterrizó así, creo recordar, y luego llegaron sus amigos que también se convirtieron en más que casualidad efímera, como A. o las gemelas V., que serán la próxima visita de este jueves.
Y los amigos de sus amigos.
Y así hasta hoy en una cadena infinita que nos obliga a elegir entre los que sí y los que no. O son ellos los que nos eligen, no sé. Selección natural, ley de vida, una casualidad que no alcanza a explicarme cómo hemos hecho para cambiar tanto de escenario y de guiones pero seguir en la misma historia.
R. ahora está volando a Zaragoza para coger allí un tren a mi añorada calle Laurel.
Yo me peino y me voy a la Gare du Nord a la que R. suele llegar. He quedado para patinar sobre hielo en Hôtel de Ville con L. y sus compañeros de redacción.
Mi soledad buscada puede esperar.
lunes, 20 de febrero de 2012
domingo, 19 de febrero de 2012
17
Cualquier poblacho es bueno contigo y cualquier ciudad llena de luces se queda en nada si no estáis. Forzar no se me da bien y no tengo la iniciativa de coger trenes ni mandar cartas, aparecer por sorpresa como solía hacer. Pero hoy es un día importante. Puede que para muchos no y eso lo hace aún más especial pero para mi sí, cada año. Y además es el primero que pasaré sin G. y compañía, aunque a G. no le importe y a su compañía aún menos porque están "madurando" y también ellos cambian. Para justificarse lo llaman "etapa de su vida", fanatismo o "juego". Yo elijo seguir ilusionándome, no quiero perder también eso.
Esta noche es como si fuera la primera vez y, de alguna forma, lo es, porque es la primera noche que lo celebro sola, aún sin estarlo. Ya me he encargado yo de forzar una fiesta.
He tenido cumpleaños en los que al dar las 00h he sido la primera en felicitarme o lo ha hecho alguien que no era quien yo quería que lo hiciera (forzando). He tenido Nocheviejas en las que hemos bebido para olvidar que no podíamos hacer el reset con amor (forzando también). Pero nunca he tenido una noche de Goyas sin que hayamos cogido un avión o un bus infinito sólo para abrazarnos y prometernos que quizá el próximo, o el siguiente, estaremos ahí y dedicaremos unos segundos del mejor momento de nuestra vida a agradecer haber hecho el camino juntas. Y, en el fondo, cada año nos damos cuenta de que, en realidad, el mejor momento es el que estamos viviendo al otro lado de las vallas, en el sofá bebiendo tequila o pudiendo chillar nuestras victorias y hacer porras y pronósticos de viva voz, con los tacones puestos, pero de marca Ulanka. Reservamos Carolina Herrera, Prada, Azzaro o Paco Rabanne para mañana, hoy preferimos acabar la noche en pijama, durmiendo en el suelo amontonados, mientras nieva. Sin cabezón pero cabezotas.
Esta noche es diferente, es el punto de inflexión en el que empiezo a coger las riendas. La gala es el último episodio de una vida utópica en la que soñaba con llegar a una butaca. Cuando la fiesta acabe, la realidad pasa por empezar a trabajar mañana en una productora-distribuidora en París. Tengo vértigo con el idioma, miedo de no haber tomado la decisión correcta, rabia de tener que abandonar asignaturas que me interesan, estrés por pensar qué hacer con las visitas de las próximas semanas...y, aún así, ganas de ser valiente. En algún momento tendré que empezar a serlo si no quiero seguir soñando el resto de mi vida.
Esta noche es como si fuera la primera vez y, de alguna forma, lo es, porque es la primera noche que lo celebro sola, aún sin estarlo. Ya me he encargado yo de forzar una fiesta.
He tenido cumpleaños en los que al dar las 00h he sido la primera en felicitarme o lo ha hecho alguien que no era quien yo quería que lo hiciera (forzando). He tenido Nocheviejas en las que hemos bebido para olvidar que no podíamos hacer el reset con amor (forzando también). Pero nunca he tenido una noche de Goyas sin que hayamos cogido un avión o un bus infinito sólo para abrazarnos y prometernos que quizá el próximo, o el siguiente, estaremos ahí y dedicaremos unos segundos del mejor momento de nuestra vida a agradecer haber hecho el camino juntas. Y, en el fondo, cada año nos damos cuenta de que, en realidad, el mejor momento es el que estamos viviendo al otro lado de las vallas, en el sofá bebiendo tequila o pudiendo chillar nuestras victorias y hacer porras y pronósticos de viva voz, con los tacones puestos, pero de marca Ulanka. Reservamos Carolina Herrera, Prada, Azzaro o Paco Rabanne para mañana, hoy preferimos acabar la noche en pijama, durmiendo en el suelo amontonados, mientras nieva. Sin cabezón pero cabezotas.
Esta noche es diferente, es el punto de inflexión en el que empiezo a coger las riendas. La gala es el último episodio de una vida utópica en la que soñaba con llegar a una butaca. Cuando la fiesta acabe, la realidad pasa por empezar a trabajar mañana en una productora-distribuidora en París. Tengo vértigo con el idioma, miedo de no haber tomado la decisión correcta, rabia de tener que abandonar asignaturas que me interesan, estrés por pensar qué hacer con las visitas de las próximas semanas...y, aún así, ganas de ser valiente. En algún momento tendré que empezar a serlo si no quiero seguir soñando el resto de mi vida.
martes, 14 de febrero de 2012
16
Pruebo asignaturas aun a sabiendas de que no tengo que hacer más que tres porque ya hice todo (y las que dejé). Pero es que me gusta tanto la economía del cine, tengo tantas ganas de saber HTML y de mejorar el francés y es tan bonita la fotografía...que ya no sé si ponerme a subir nota. No. Una tontería teniendo en cuenta el sistema de convalidaciones de Paris 8. A quién le importa la media si, total, ya no tengo años para hacer la pasarela al segundo ciclo de Comunicación audiovisual.
Mientras, esta tarde he empezado a escribir a ofertas de trabajo. Dos respuestas en una hora. Nada mal si no fuera porque no sé si es lo que quiero. A lo mejor voy a las entrevistas y les parece que no hablo suficientemente bien francés o a lo mejor soy yo la que decide que no y se agarra a la universidad, que es donde me siento segura.
Pero la tercera opción, la que de verdad me apetece, son los festivales. Sitges y San Sebastián ya están asegurados para calentarme el otoño, pero ni una respuesta de Málaga, Cannes y Nantes. A lo mejor debería insistir, a lo mejor ya es tarde, a lo mejor aún es pronto. Deseadme suerte.
Entre tanto, retraso casi todas las cosas que me parecían importantes. Comprar los billetes para ver a I., acercarme un fin de semana a ver a R., Amsterdam, el Couch...sigo sin darme de alta en la electricidad, sigo in mirar los MAC, sigo saltándome la dieta que nunca he conseguido empezar, sigo sin celebrar los san valentines y, sobre todo, sigo creyendo que lo mejor está por venir. Porque quien siembra...
Mientras, esta tarde he empezado a escribir a ofertas de trabajo. Dos respuestas en una hora. Nada mal si no fuera porque no sé si es lo que quiero. A lo mejor voy a las entrevistas y les parece que no hablo suficientemente bien francés o a lo mejor soy yo la que decide que no y se agarra a la universidad, que es donde me siento segura.
Pero la tercera opción, la que de verdad me apetece, son los festivales. Sitges y San Sebastián ya están asegurados para calentarme el otoño, pero ni una respuesta de Málaga, Cannes y Nantes. A lo mejor debería insistir, a lo mejor ya es tarde, a lo mejor aún es pronto. Deseadme suerte.
Entre tanto, retraso casi todas las cosas que me parecían importantes. Comprar los billetes para ver a I., acercarme un fin de semana a ver a R., Amsterdam, el Couch...sigo sin darme de alta en la electricidad, sigo in mirar los MAC, sigo saltándome la dieta que nunca he conseguido empezar, sigo sin celebrar los san valentines y, sobre todo, sigo creyendo que lo mejor está por venir. Porque quien siembra...
domingo, 12 de febrero de 2012
15
Autoayuda? No. William Shakespeare para comenzar bien mi segunda parte:
"Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre
dar la mano y socorrer a un alma y aprenderás que amar no significa apoyarse, y
que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni
regalos, ni promesas.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la
mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y
aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el término mañana es
incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te
expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte
alguna vez y necesitaras perdonarlas. Aprenderás
que hablar puede aliviar los dolores del alma...
Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos
segundos para destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te
arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a
pesar de las distancias y que no importa que es lo que tienes en la vida sino a
quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos
permitimos elegir. Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos
dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu
mejor amigo, haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el hecho de
disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las
personas que más te importan y por eso siempre debemos decirles a esas personas
que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que
las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el entorno también que
nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos
responsables de lo que hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los
demás, salvo cuando queremos imitarlas para mejorar. Descubrirás que lleva
mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste sino adonde te
diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve.
Aprenderás que sino controlas tus actos ellos te controlan y
que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no
importa cuán delicada o frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que
era necesario, enfrenando las consecuencias...
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrías que algunas veces la persona que esperas que te patee cuando te
caes, tal vez, sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido, que con
los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti que lo que
supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños
son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes, y sería una tragedia que
se lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientas rabia, tienes derecho a
tenerla, pero eso no te da derecho a ser cruel.
Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma
que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede. Porque hay
personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo.
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces
tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con la que juzgas,
también serás juzgado y en algún momento ordenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se
partió, el mundo no se detiene para que los arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver atrás,
por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de
esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y solo entonces, sabrás realmente lo que puedes
soportar, que eres fuerte y que podrás ir, mucho más lejos, que cuando creías
que no se podía más. Y es que realmente
la vida vale más cuando tienes valor de enfrentarla."
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